Asistente de Camiroaga: “Felipe quería dejar la tv”

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A seis meses del trágico accidente de Juan Fernández, Rosa Elena Aravena, muy cercana colaboradora del desaparecido animador, relata por primera vez pasajes desconocidos de su vida: dice que se quería retirar en tres años más de la TV, que su proyecto era irse a vivir a la Patagonia, donde ella está afincada ahora, y que pensaba adoptar un hijo.

“¿Rosa Elena Aravena?”, pregunto. Estamos en la estancia Sofía, a 20 minutos en auto de Puerto Natales, y la pregunta tiene respuesta en medio de un paisaje formidable: montañas que parecen pintadas, una luna que se asoma entre las nubes y un silencio sobrecogedor.

“Sí, soy yo”, dice una mujer arriba de un caballo.

Rosa Elena, quien fuera la mano derecha de Felipe Camiroaga, su asistente y cercana colaboradora, está parada a la entrada de esta estancia. Es el jueves 1 de marzo, está anocheciendo y a la medianoche se cumplirán seis meses del accidente que le costó la vida al animador y a otras 20 personas, entre ellos periodistas y camarógrafos de “Buenos días a todos”.

Rosa Elena Aravena era uno de los secretos mejor guardados del conductor de TV.

Mediáticamente se sabía de su existencia, pero tras su muerte, la prensa puso sus ojos especialmente en ella. Así se reveló que era la guardadora de muchos de sus secretos, personales, monetarios; era una leal compañera. De hecho, hasta hoy, manteniendo el bajo perfil que caracterizó sus trece años de trabajo junto al animador, se había negado a hablar. Tras su muerte, el mundo se le dio vuelta y de a poco se ha ido recomponiendo. “Es que él era como un hijo para mí”, dice.

En esta estancia, donde pasaron temporadas juntos, Rosa Elena ha tenido tiempo de pensar, de recordar; así es como muestra el sillón de cuero café, donde el animador se sentaba. “Lo veo ahí, con su copa de vino, riendo”, dice. Y es en ese momento donde asegura que aquí, en este lugar casi en los confines del mundo, Camiroaga deseaba pasar sus días cuando dejara la televisión.

“Siempre veníamos a la Patagonia, a esta estancia. Era su lugar favorito por eso él quería comprarse una parcela acá”, cuenta, mientras informa que la idea de Felipe Camiroaga era “dejar la TV en tres años más y venirse a vivir aquí”.

Lo tenía todo planeado.
La historia es así. Luego de ir varias veces a esta estancia, Camiroaga se hizo amigo de los dueños, José Antonio Kusanovic y Tamara Mac-Leo. A ellos les dijo que quería comprarse un terreno. “Recorrimos todas las parcelas al lado de la laguna, lo hicimos a caballo y él eligió la que iba a comprar”, cuenta. Pero tenía que esperar: se necesitaba un proyecto y realizar todos los trámites legales. Cada cierto tiempo, Camiroaga le decía a José Antonio Kusanovic que se apurara: “Felipe le decía ‘haz luego el proyecto porque quiero comprar ahora ya’… estaba tan apurado por tener un pedazo de tierra aquí. Pero no alcanzó.

Cuando murió, José tenía el plano del proyecto, porque Felipe lo apuró para que lo tuviera listo luego”.

Tras el accidente, varios meses después, esta pareja le ofreció un trabajo y un lugar en el mundo a Rosa Elena Aravena. Ella está desde hace unas semanas a cargo de la venta de parcelas de Sofia y también cuidará del pedazo de tierra que Camiroaga eligió para vivir el resto de su vida y que, dice, no se va a vender. “Se va a quedar en la familia. Y yo voy a estar viéndolo, me voy a dedicar a eso”. Además Rosa Elena ayuda en los tours con caballos y, ahora está en la organización del Enduro Ecuestre en el Hotel Las Torres, de la zona, que se realizará a fines de abril. Está full, ocupada en cuerpo y mente.

Pero por mucho que tenga el día lleno de actividades y mil cosas en qué pensar, hay algo que nunca escapa de su cabeza: lo mucho que Camiroaga gozaba de este entorno natural. De hecho, cuenta que este lugar habría sido importante en la madurez que el animador alcanzó en los últimos dos años, un detalle que cercanos, como Mauricio Correa, el director de “Buenos días a todos”, ya habían notado. Así lo relató él en una entrevista. La asistente tiene una explicación del porqué del cambio: “Este rincón del mundo para él fue encontrarse con esa parte espiritual de la que hablaba siempre en sus entrevistas (…)

Desde que él llegó acá, a la Patagonia, fue mutando, fue cambiando muchos vicios, no sé si de la ciudad, pero creció mucho. En dos años llegó a una madurez plena”, cuenta. Tanto que empezó a pensar ya no como el eterno joven que solía ser: “Él tenía muchas ganas de ser papá, su proyecto era adoptar. Eso se truncó con el incendio de su casa. Pero bueno, así es la vida, había otro proyecto para él y ya está”.

Rosa Elena Aravena y Felipe Camiroaga se conocieron cuando ella trabajaba en TVN en Concepción, en la red Bíobío. La primera vez que lo vio se sacó fotos con él. Lo encontró amable, simpático, nada lejano. “Cuando me separé me vine con mis hijos a Santiago y llegué a trabajar a TVN. Era un tremendo desafío para mí”, recuerda. Mauricio Correa fue quien la invitó al equipo donde estaba el animador. Era 1998 y se encontraban armando “Motín a bordo”.

Todo comenzó de manera lenta. “Al principio sólo me saludaba y se despedía. Era una persona más bien lejana, bueno él era así al principio, cuando no conocía a la gente. Y luego, un día cualquiera me dijo: ‘pucha Rosi, por qué no me ayudas, necesito ir al banco, no cacho ni una de estas cuestiones, por qué no me ayudái’. Yo le dije, ‘ni un drama’. Y así, poco a poco, comencé a ayudarlo, a acogerlo. Ambos estábamos un poco desamparados, sin cariño. Él no tenía lealtades, otra gente había trabajado con él y le habían durado muy poco”, relata.

Finalmente, en “La noche del Mundial”, se dedicó a trabajar exclusivamente para él. Su personaje Luciano Bello vivió una explosión mediática que lo llevó a hacer shows por todo Chile. Entonces se hizo cargo de la producción de todos esos eventos. “Viajábamos los dos solos, fue ahí donde partió nuestra vida juntos. Nunca más nos separamos”, dice.

“Y de esto pasaron 13 años. Me lo pasaba más en el canal que en ninguna otra parte, me preocupada de todo lo de él. Si Felipe se iba de vacaciones, yo siempre me quedaba a cargo. Manejé su vida, su casa, su plata. Cuando decidió construir su casa en Chicureo, lo ayudé”.

La noche avanza y Rosa Elena camina mostrando lo que la oscuridad de la Patagonia deja ver. “Es raro que esté nublado”, dice, porque lo normal es que allá las noches sean estrelladas. Medianoche va a llegar pronto y ella sabe que el viernes 2 de marzo, el día que está a punto de nacer, marca medio año de un dolor enorme. Pero se consuela: “Él está aquí”.

Tras la muerte de Camiroaga, Rosa Elena no ha vuelto a ver TV. No sabe nada del matinal, el programa que antes era parte central de su vida. Tampoco ha querido enterarse de la sobreexposición mediática de la muerte de su amigo y empleador: “Fue mucho todo, hubo demasiada exposición. (…) En el caso de Felipe hubo un abuso de su imagen. Fue demasiado. Yo me desconecté por salud mental. Eso hizo que quisiera arrancarme también, porque era escuchar tanta mentira, tanta cosa, tanto adueñarse de él gente que…. ah. Él era muy silencioso con su vida privada, le gustaba eso de guardar cosas para la imaginación de la gente. Él dejaba en su intimidad a sus amigos de verdad, a sus amigas de verdad y yo voy a seguir esa línea hasta que me muera”.

Rosa Elena recuerda sus días al lado de una de las mayores figuras televisivas como si hubieran pasado años. “Él era muy intenso, se entregaba en cuerpo y alma a su trabajo. Su verdadera familia era la gente del programa”.

“El canal era su casa y pudo haberse ido pero no quiso. Fue tentado muchas veces por otros canales y alguna vez pensó en irse por más plata. Por ejemplo, cuando fue el proyecto de Estados Unidos (Univisión le ofreció un matinal), nos íbamos a ir juntos. Pero al final, cuando estaba todo listo y sólo tenía que firmar dijo: ‘no puedo dejar mis animales ni mi casa”‘.

-¿Qué pasó con sus animales?
“En su casa quedó viviendo su hermana y su hermano Pancho. Todos sus animales están ahí exactamente igual que antes. Todo está en manos de ellos. Yo les entregué todas las cosas de Felipe y ya no tenía nada más que hacer. Les traspasé todo. Y no creo que pueda volver ahí. Le ayudé a construir esa casa después del incendio, estuve allá todo el tiempo, nos demoramos tres meses en levantarla porque él lo único que quería era volver a vivir a su casa luego. Después de su muerte fui para allá y me hizo muy mal. Ya no está él. Pero la casa está en buenas manos, está su familia, su gente (…). Yo soy muy prudente, hay que dejar ahora a los nuevos administradores ahí”.

Tras la muerte de Camiroaga, Rosa Elena pensó en trabajar con la hermana de Felipe, la actriz y conductora de TV Paola Bontempi. “Me entusiasmó, me sedujo la idea, lo hablamos. Iba a viajar a España, pero no se dio, tuvimos que correr la fecha que habíamos acordado en un principio para el viaje -iba a ser ahora en febrero- y ahí me vino un bajón fuerte.

Entonces dije ‘chao, no puedo, no estoy capacitada aún para sostenerme y sostener a otros. Necesito ayudarme yo primero para poder estar bien y ayudar al resto”. Eso pasó. Por eso decidí venirme para acá. Ese fue mi cambio de vida”.

-¿Tiene algún plan especial para este lugar?
“Prefiero guardarme los detalles, pero te puedo contar que queremos hacer cetrería (caza de halcones para su domesticación). Ese era nuestro sueño: hacer tour y que todos los cetreros del mundo vinieran acá”.

Rosa Elena dice que cerca de la estancia Sofía hay varios nidos de halcones, incluso cuenta que en esta parte de la Patagonia, se encuentra el halcón pálido, un particular ejemplar que atrae fanáticos.

Ya es de mañana. Es el viernes 2 de marzo y debe comenzar con su rutina que parte a las siete cuando va a buscar los caballos que deja listos para los turistas.

Ella dice: “Mi rutina en este minuto es preparar los animales, limpiar los corrales, hacer todo lo que en mi vida nunca había hecho. Pero lo estoy gozando (…) Es increíble, antes de la partida de Felipe jamás habría soñado esto para mí. Pero mi plan era con él aquí y estoy cumpliendo su sueño. Mi misión está aquí, él me trajo y me quedaré para vivir todo lo que él quería vivir”.

“Fue mucho todo, hubo demasiada exposición. En el caso de Felipe hubo un abuso de su imagen. Yo me desconecté por salud mental”

Comentario de on Domingo, marzo 11th, 2012. Clasificado en Actualidad. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

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